En nuestra excursión de junio nos propusimos coronar el imponente conjunto medieval de Muro de Roda partiendo desde Tierrantona, en el corazón de Sobrarbe. Una jornada que planifiqué buscando la calma y el paseo tranquilo pero que, bajo el sol del verano, se acabó convirtiendo en una lección de vulnerabilidad, risas y adaptabilidad. ¡Ven a descubrir cómo bailamos con lo que el camino nos trajo!
☀️ Una mañana bajo un sol de justicia
Comenzamos la caminata con la ilusión de cumplir con nuestro reto mensual, buscando conectar y pasear tranquilamente en un día que ya sabíamos que iba a ser caluroso pero que iba a transcurrir mayoritariamente entre árboles. Sin embargo, no lo miré bien al planificar y la realidad fue otra. Estuvimos andando durante 45 minutos seguidos por la carretera, completamente expuestos y con un sol tan aplastante que casi nos da un jamacuco, ¡menos mal que llevábamos gorro!
Justo cuando empezábamos a subir el trocito de sendero que subía por el monte —donde parecía que por fin iba a haber algo de sombra—, vimos que había demasiada cuesta todavía expuesta al sol, hacía mucho calor y las fuerzas flaquearon.
🌳 El campamento de emergencia y el poder de soltar
En ese momento comprendimos que no era buena idea seguir subiendo por allí, porque además luego habría que volver a bajar y la temperatura iba a seguir subiendo, así que decidimos cambiar los planes y paramos bajo un árbol al que estoy tremendamente agradecida por la sombra que nos dio.
Para no tener que volver todos hasta el coche, mi hijo, que en esta ocasión nos acompañaba, se ofreció a volver solo él y venir a buscarnos al cruce con la carretera para terminar de subir al Muro de Roda con el coche y disfrutar de las vistas sin sufrir una insolación. ¡Gracias hijo! 🙏🏼
En ese ratito a solas con mi marido mientras esperábamos a que nuestro hijo viniera a buscarnos con el coche, como estaba agotada y me sentía frustrada por no haber elegido bien la excursión, me eché a llorar porque necesitaba soltar todo el estrés que llevaba dentro. Y en cuanto lloré un poco me relajé y me sentí mucho mejor. Nos empezamos a reír de la situación y a comentar cosas como: “A ver, a veces pagamos por meternos en una sauna y hoy la hemos tenido aquí totalmente gratis”.
🏰 Vistas majestuosas y un picnic reparador
Una vez arriba en el Muro de Roda gracias al coche de rescate, descubrimos un lugar precioso. Aunque el sol seguía pegando con fuerza en la cima y estábamos cansados por el sofocón de la mañana, contemplar el conjunto histórico, las montañas y el valle desde las alturas fue una maravilla. Todo se veía precioso, en un día muy tranquilo y envuelto en un silencio muy agradable.
No terminamos de dar la vuelta completa al castillo pero nos pareció precioso y encontramos un rincón perfecto a la sombra para comer disfrutando de la paz que se respiraba allí.
💦 El oasis final en la Gorga
Para cerrar el día de la mejor manera y quitarnos de encima todo el calor acumulado, nos fuimos directos a la Gorga de Boltaña. ¡Qué bendición! Estuvimos allí en una sombrita al lado del río, reposando, descansando y refrescándonos a gusto. Mojarnos las piernas, los brazos y la cara en el agua fresca fue un ratito de lo más placentero y el broche de oro que nuestros cuerpos necesitaban para volver a su centro.
🧘 Solo hay que estar presentes “aquí y ahora”
A veces, las rutas más exigentes no miden su dureza en los kilómetros caminados, sino en la capacidad de mirar hacia dentro cuando el entorno aprieta. Este rincón del Sobrarbe nos regaló algunos instantes de una belleza inmensa y otros que pusieron a prueba nuestra capacidad de adaptarnos a las circunstancias. La magia de la naturaleza sigue inspirándonos siempre que estemos dispuestos a calmar la mente y mirar con los ojos del corazón.
Aquí tienes algunas reflexiones y aprendizajes que nos regaló esta experiencia:
👉🏼 Aceptar y bailar con lo que hay: Te haces una idea mental muy bonita de cómo va a salir una excursión y las cosas no salen como tú quieres. Pero la vida consiste precisamente en eso: en bailar con la melodía que esté sonando en cada momento, gestionarla de la mejor manera posible y aprender para la siguiente.
👉🏼 La vulnerabilidad como limpieza: Llorar en mitad del camino no es debilidad sino pura medicina para el alma. Permitirse soltar la frustración y el agobio es lo que limpia el canal para que, justo después, puedan regresar la ligereza, la risa y el buen humor.
👉🏼 Mantener la mirada abierta: Desde el vuelo del buitre hasta la carrera de la ardilla, mires donde mires, la vida nos envía señales de belleza constantemente. Solo hay que estar presentes “aquí y ahora” para verlas 🙏🏼
👉🏼 Elegir con conciencia: Vivir el presente también implica escuchar al cuerpo y aprender de la experiencia. De cara a las próximas excursiones veraniegas, nos llevamos la valiosa lección de organizar y elegir el sitio, las sombras reales y el tiempo con muchísimo más cuidado.
El balance del día fue estupendo, ¡seguimos eligiendo disfrutar de La Alegría de Vivir en la naturaleza! 😍
✨ ¡Despierta tu Alegría Interior y Cambia tu Mundo! ✨
¿Te ha gustado este artículo? 🧡 Cuéntame, ¿qué haces cuando las cosas no salen como esperabas? 🤔 ¡Te leo!
P.D. ¡Te espero en julio para contarte nuestra próxima excursión! 📅 Y por si no has visto las anteriores te las acerco por aquí: Rutas con Alegría